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miércoles, 31 de mayo de 2017

descargra Coleccion de Libros Cristianos que no te deben faltar

Coleccion de Libros Cristianos que no te deben faltar

Gran colección de libros cristianos gratis para descargar. son material de gran edificación.


TORTURADOS POR CRISTO




COMENTARIO BIBLICO MATTEW HENRY 


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Andres Robert - Conciencia Misionera TOMOS 1 & 2
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BIOGRAFIA DE SPURGEON

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CORTINAS DE HUMO




EL MARTIR DE LAS CATACUMBAS





EL PREDICADOR Y LA ORACIÓN






EL TESORO DE DAVID SPURGEON

 



EL AYUNO DEL SEÑOR







EL PROGRESO DEL PEREGRINO






EL HOMBRE CELESTIAL




GILLERMO CAREY





LA CIENCIA DE LA ORACION






GRACIA ABUNDANTE  - JUAN BUNYAN




LA GRACIA SOBERANA D. L. MOODY







LA  ORACION - JUAN BUNYAN


  


LA PEREGRINA  - JUAN BUNYAN






LOS MARTIRES DE FOX





MANUAL DE HOMILETICA - SAMUEL VILA





FUEGO CONSUMIDOR




PASION POR LAS ALMAS





POR QUE NO LLEGA EL AVIVAMIENTO




RECOPILACION DE ILUSTRACIONES



RECOPILACION DE SERMONES DE AVIVAMIENTO


TESTIMONIO EN TIERRAS MUSULMANAS



USOS Y COSTUMBRES EN TIERRAS BIBLICAS



AYUDAS MISIONERAS

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500 ILUSTRACIONES PARA SERMONES

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AVIVAMIENTO WESLEY

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LA VIDA DE LAS IGLESIAS EN CHINA




LAS OBRAS DE JONATAN EDUARDS

domingo, 17 de abril de 2016

Testimonio Poderoso de los Misioneros David y Svea Flood África

Testimonio Poderoso de los Misioneros David y Svea Flood África 
En el año 1921 David Flood, su joven esposa, Svea y su pequeño hijo de 2 años dejaron Suecia rumbo al interior de África. Viajaban con otra joven pareja misionera—estas dos parejas habían sido miembros muy activos, cantaban en el coro de la iglesia, Svea tocaba el violín y era solista. Habían comprometido sus vidas a llevar el evangelio a las tribus perdidas de África.
Estaban llenos de entusiasmo y optimismo al punto que cruzaron las montañas del Congo a golpe de machete para comenzar su ministerio en un lugar todavía indeterminado para ellos.
Para su sorpresa, aldea tras aldea se rehusaba a darles entrada, convencidos de que la presencia de aquellos blancos enojaría a los dioses y les traería grandes problemas.
Días de llevar sus pertenencias, hambrientos, débiles, oraban para que la siguiente aldea del otro lado de la montaña les permitiera desarrollar sus ministerios.
Pero el jefe de la siguiente aldea aún fue más hostil que todos los anteriores juntos. Les pidió que se marcharan. En su biografía se lee, “Lucharon para llevar sus pertenencias hacia la cima y al establecer las tiendas de campaña sabían que estarían demasiados cansados para levantar campamento otra vez”. Decidieron entonces limpiar el terreno y construir una choza de barro, haciendo lo mejor que podían para soportar la hostilidad de los aldeanos.
Durante las siguientes semanas de agonía, que se convirtieron en meses, David y Svea Flood lucharon con la lengua Swahili y, junto a los Erickson, trataron en todo lo que podían acercarse al jefe de la tribu, quien endureció aún más su posición.
Los aldeanos tenían prohibido aún de visitar a los misioneros—solo a un pequeño niño se le permitía ir y venderles pollos y huevos.
David estaba sorprendido de la insistencia de su esposa de que aunque no fueran capaces de entrar a la aldea ni de alcanzar a África para Cristo, ella aún podía ganar a este niño para el evangelio.
Así que, cada vez que el niño les visitaba, ella le demostraba amor y atención…hasta que los otros misioneros vieron como un día ella se arrodilló con el niño y le guió en una oración de arrepentimiento.
El niño tuvo que guardar como un secreto su decisión, porque probablemente no le dejarían volver a visitarles.
Para los otros, esta misión fue un fracaso. Un día los Erickson decidieron dejar a los Flood y volver a la estación misionera que estaba cientos de kilómetros atrás.
Más tarde Svea anunció que estaba esperando su segundo niño. Estaba débil y David temía lo peor.
Ya era tarde para viajar a través de la jungla del Congo belga—el niño tendría que nacer en la choza, en la montaña.
El niño cristiano llevó esas noticias a la aldea, y sorprendentemente, el jefe permitió que una partera de la tribu colaborara.
Cuando el bebé ya estaba en fecha, Svea Flood se contagió de malaria—cuando la matrona de la tribu llegó, Svea gemía de fiebre.
Su niña nació, y Svea susurró que se llamaría Aina, un clásico nombre sueco para las niñas. Diecisiete días después, Svea Flood falleció.
Desesperado y lleno de una amarga rabia, David enterró a su esposa de 27 años. ¿Cómo cuidaría a su pequeño de 2 años y a un bebé sin ayuda?
Contrató a un hombre de la aldea y llevó a sus hijos a la estación misionera. Para él habían terminado su ministerio, el evangelio y su relación con Dios. Hasta donde él sabía, Dios le había quitado la vida a su esposa y su ministerio no era nada más que una trágica pérdida.
El problema era que, al volver a Suecia, nadie podría cuidar de su pequeña bebé. Los Erickson no habían podido tener hijos, y David les ofreció la oportunidad de adoptar a Aina. Accedieron gustosos. Ahora David podía volver con su hijo, abandonar esa estación misionera para nunca más volver…de hecho, al dejar el lugar, nunca volvió su rostro atrás.
Antes de que la niña Aina tuviera un año, Joel y Berta Erickson fueron envenenados por nativos, y con un día de diferencia ambos murieron.
Aina se quedaba otra vez sin padres. Fue reclamada por otra pareja de misioneros que ya tenía su propia hija.
Cuando tenía 3 años de edad, Aina y sus padres adoptivos dejaron África y se establecieron en la ciudad de Minneapolis, estado de Minnesota, Estados Unidos. Su nombre sueco fue cambiado a Aggie.
Aina escribiría luego que, aún siendo niña, ella sabía que era diferente. Fue conocida como la hija de la misionera que murió en la montaña, rescatada por misioneros que fueron envenenados y, realmente, como dice el título de su biografía, “Ser una niña sin país”.
Con el tiempo, Aina asistió Al Colegio Bíblico North Central donde conoció a un joven prometedor, Dewey Hurst, que entraba al ministerio.
Pasaron los años. Aina no tenía ninguna información de su padre. Sabía poco de su pasado. Sabía el nombre de sus padres y de Suecia, pero poco más. No tenía tiempo de pensar en ello…con un esposo y una familia ocupada en el ministerio. Su esposo había sido nombrado presidente de un colegio bíblico en otro estado. Un día, en forma inesperada, una revista sueca apareció en su buzón. No tenía idea quién la enviaba, y por supuesto, no entendía el contenido. Pero al pasar las páginas, una fotografía acaparó su atención. La foto de una pequeña cruz blanca enterrada con el nombre de Svea Flood.
Saltó al automóvil buscando a un profesor sueco del colegio bíblico. Dos misioneros, caminando por la selva llegaron a una aldea en el Congo belga y tomaron esa foto. Averiguando en la aldea les contaron la historia que reproducían en el artículo. También contaban que luego que los misioneros se fueron, el niño cristiano solicitó permiso al jefe de la tribu para comenzar una escuela. Gradualmente, este ahora joven muchacho, fue maestro y líder, enseñó el Evangelio a todos sus estudiantes. Y luego sus padres, y aún el jefe aceptaron a Cristo. Ahora esa aldea tenía 600 creyentes y una iglesia muy activa.
Todo gracias al sacrifico y las lágrimas de David, y primeramente de Svea. Aina no lo podía creer. Comenzó a llorar y agradecer a Dios por dejarle saber la verdad sobre sus padres y su sacrificio.
Para el 25 aniversario de su boda, el Colegio bíblico les dio al matrimonio Hurst un boleto para visitar Suecia, donde Aina, entre otras cosas, podría buscar a su padre.
No fue difícil—David Flood se había casado, tenía 4 niños, pero su segunda esposa también había fallecido.
Ese anciano era ahora un alcohólico, agnóstico, y maldecía a cualquiera que le mencionara a Dios.
Luego de una emotiva reunión con sus medio hermanos y hermana, Aina quiso ver a su padre.
Sus hermanos no estaban muy contentos de esa idea—se había convertido en un hombre amargado, tampoco ellos lo veían mucho, y sobre todo, odiaba a Dios. Le advirtieron, “Si lo ves, no le hables de cosas espirituales…cuando escucha el nombre de Dios, estalla de furia”.
Aina estaba determinada a verlo. Al fin fue a su departamento—la puerta fue atendida por una señora de la limpieza. Dentro de su cuarto había botellas de licor en cada repisa de la ventana; la mesa estaba cubierta de más botellas.
Y en un rincón apartado—escribió ella en su autobiografía—un viejo pequeño y arrugado tirado en una cama deshecha, con su cabeza contra la pared.
La diabetes y un derrame cerebral lo tenían lisiado en ese cuarto desde hacía 3 años.
La señora se acercó y le dijo suavemente, “Papa, Aina está acá”. El se dio vuelta hacia mí y tomé su mano. “¿Papa?”, dije.
Comenzó a llorar. “Aina”, dijo, “Nunca quise dejarte”.
“Está bien, Papa”, dije mientras tomaba sus manos. “Dios cuidó de mi”. Se puso rígido y dejó de llorar. “Dios nos olvidó a todos” escupió, “Nuestras vidas están así gracias a Él. Estuve en África todo el tiempo…y sólo un niño pequeño…y luego perdí a tu madre”.
“Papa, tengo un historia que contarte. No fuiste al África en vano. Mama no murió en vano. El niño pequeño que ganaron para el Señor creció y toda la aldea hoy reconoce a Jesús. Hoy, 40 años después, hay 600 personas en ese lugar que sirven al Señor porque tu escuchaste el llamado de Dios en tu vida”.
David Flood se dio vuelta despacio hasta que sus ojos vieron los míos—ojos de esperanza, deseando que lo que yo decía fuera verdad…deseando que la agitación de su vida se redimiera de algún modo”.
Papa, es una buena historia…tenemos un Dios grande”.
Las lágrimas volvieron…comenzó a hablar. Al fin de esa tarde, la bondad de Dios lo había traído al arrepentimiento, y el perdón y la restauración de la comunión.
Aina y su esposo al fin volvieron a América…unas pocas semanas después, David Flood partió a la patria celestial.
Luego le contarían a Aina que en las últimas horas de su vida—delirando, hablaba en Swahili.
Déjeme darle un apéndice a esta historia.
Pasaron los años y Aina y su esposo fueron a una conferencia evangelística, esta vez en Londres. Varios líderes de diferentes denominaciones y asociaciones de iglesias de África fueron a dar sus reportes.
Uno de ellos era de Zaire, superintendente de la asociación de iglesias nacionales de ese país, representaba a 100.000 creyentes bautizados.
Habló elocuentemente sobre la difusión del evangelio en su país. Dijo, “Tenemos 32 estaciones misioneras; un hospital de 120 camas; varias escuelas cristianas—y nuestras iglesias tienen hoy 100.000 cristianos bautizados.
Luego Aina corrió hacia ese hombre y le hizo algunas preguntas—una en particular.
Les dejo leer lo que ella misma dijo,
“Señor, ¿conoció usted a una joven pareja misionera llamados David y Svea Flood? Ellos estaban en una estación misionera—y lo único que sé es que estaban en la cima de una montaña”. “Sí, madame”, contestó, “Yo solía venderles pollos y huevos…fue Svea Flood la que me guió a Cristo”. “¿Quién es usted?”
“Yo soy la hija de Svea Flood; yo nací en esa montaña”.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de ese hombre, me abrazó, y en su estilo africano, me sostuvo, y comenzó a bailar, sollozando desde lo profundo de su alma”. “Muchas veces me pregunté” decía llorando, “¿qué le sucedió a esa pequeña niña cuya madre murió por nosotros?”. Me dijo, “Debes volver a su lugar de nacimiento—tu madre es la persona más famosa de nuestra iglesia”.
Ella accedió. Luego de meses de planeamiento, Aina y su esposo hicieron el largo viaje de vuelta a ese lugar tan especial. De hecho llegaron al lugar donde su padre la dio en adopción a los Erickson.
En este lugar ella había vivido y jugado en el barro con sus amigos africanos, aprendiendo la lengua Swahili.
Visitó la tumba de sus padres adoptivos. Llegar a la aldea fue tan difícil como lo fue para sus padres, pero esta vez había cientos de personas esperándole, en medio de un arco de flores.
Aina escribe, “el pastor de la aldea me guió a la cima del monte, toda la gente siguiéndonos; en la cima había un lugar llano bajo un bosquecillo de árboles. El pastor señaló con el dedo y dijo, ‘Este es el lugar donde tus padres hicieron la choza donde naciste’. Luego volteó y señaló, sin decir palabra, a una tumba rodeada de cemento, una palmera cerca, y debajo, todo el valle. Una cruz blanca que rezaba Svea Flood (1896-1923). Aina escribe, “y ahora conozco la cosecha de la semilla que ella sembró”.
El pastor abrió su Biblia, rodeado de cientos de creyentes y leyó una simple línea de los Salmos. Salmo 126, verso 5 “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”.david & svea flood2
Dios sabe lo que es llorar. Dios sabe lo que significa sufrir pérdidas. Dios sabe lo que significa sembrar semilla que parece que no dará fruto. Pero Dios sabe el fin…El sabe el fin de la historia…que las lágrimas de dolor, y la pérdida y la frustración y el dolor y la pena pronto serán borradas…reemplazadas por un gozo indescriptible.

sábado, 24 de octubre de 2015

Subastarán Biblia que por error insta al adulterio

Subastarán Biblia que por error insta al adulterio


El texto histórico, producido por las impresoras de Martin Lucas y Robert Barker, en 1631, presenta un error de impresión que fue descubierto un año después, en 1632. Más de 1.000 de estos ejemplares fueron distribuidos en toda Gran Bretaña y se calcula que en la actualidad solo quedan nueve textos 
originales con el error de imprenta.
REINO UNIDO.- En el Reino Unido se ha desatado una polémica debido a que el próximo 11 de noviembre se llevará a cabo una subasta de ejemplares de la Biblia. Según informa Mirror, estos libros son conocidos como las ‘Biblias de los pecadores’ y tienen más de 400 años de existencia.
El texto histórico, producido por las impresoras de Martin Lucas y Robert Barker, en 1631, presenta un error de impresión que fue descubierto un año después, en 1632.
Más de 1.000 de estos ejemplares fueron distribuidos en toda Gran Bretaña y se calcula que en la actualidad solo quedan nueve textos originales con el error de imprenta.
Simon Roberts, jefe del departamento de Libros y Manuscritos de Bonhams, dijo que existen diversas teorías sobre cómo se cometió el error en la impresión de esas Biblias.
“Pudo haber sido un simple ‘resbalón’, pero otros piensan que fue un complot para sabotear la reputación de Robert Barker”, declaró.
Autoridades eclesiásticas de Bonhams se han mostrado en contra de la subasta de esas Biblias al considerar que los textos, sobre todo en el mandamiento del adulterio, pueden confundir a los creyentes.
El error le costó la vida
Este suceso acaeció, concretamente, en 1631.
Por entonces, los impresores reales de Carlos I de Inglaterra -Robert Barker y Martin Lucas- recibieron el encargo de editar 1.000 Biblias. Para ellos era algo habitual, por lo que, a los pocos meses, los libros salieron a la calle sin dificultad. Sin embargo, y no se sabe si por un error o por un acto de sabotaje, el sexto mandamiento no llevaba impresa una palabra determinante para ser entendido. El «no» de «no cometerás actos impuros». Así pues, el texto invitaba, según se dijo, al pecado.
Todo podría haber quedado en una curiosa y graciosa anécdota, pero Carlos I no lo vio así. Por el contrario, su enfado fue del tamaño de Gran Bretaña. Ordenó hacer acopio de todos estos textos y quemarlos en la hoguera por ser blasfemos. A su vez, la indignación de George Abbot, arzobispo de Canterbury, no fue menor. Este, por su parte, cargó frontalmente contra los impresores reales acusándoles de incompetentes y señalando además otra serie de fallos que, según creía, tenían los libros. «Creía que se tenía especial cuidado a la hora de imprimir Biblias. Por eso se le dio el proyecto a estos buenos impresores, pero el trabajo ha sido nefasto», explicó el religioso.
Bajo la presión del arzobispo, Carlos I terminó multando a los impresores reales con 300 libras (unos 54.000 euros actuales) y les quitó su licencia para poder editar libros. La deuda llevó a la quiebra a Barker, quien fue encarcelado en 1635 por la ingente cantidad de dinero que debía y pasó los siguientes 10 años entrando y saliendo de prisión. Así, hasta que murió entre rejas en 1645. La Biblia maldita le había costado la vida.
Lo irónico de esto es que ahora, ha vuelto a salir a la luz que una de estas biblias malditas fue salvada de las llamas. Ahora, 400 años después, dicho libro será subastado por un precio inicial de 15.000 libras (unos 20.000 euros).